jueves, 29 de julio de 2010

Veintiséis de Febrero del dos mil diez .

Aquel día fue perfecto, nada se compara con aquella mañana calurosa al abrir los ojos, ver a mis mejores amigas durmiendo a mis costados y saber que era el día más ansiado hace cinco meses . Creo que las horas esperando por entrar a River se nos hicieron más largas que los 137 días que separaban el Primero de Octubre con el Veintiséis de Febrero, pero finalmente, a las cuatro de la tarde, después de estar desde las ocho de la mañana en la fila a las afueras del estadio nos exasperamos . Se desató una euforia incontenible, una alegría desmensurada. Brotaban lágrimas de nuestros ojos al correr desesperadamente hasta las vayas, donde nos mantuvimos durante aquellas hora eternas adentro del estadio, con la fuerza de treinta mil personas aplastándonos, pero también con la alegría de saber que estabamos en la mejor ubicación posible, y que nuestro sueño finalmente se iba a cumplir . No había pasado todo aún, todavía quedaban varias horas hasta las nueve y media de la noche, hora en el que el Danubio Azul finzalizó, luces amarillas se encendieron, y cuatro sombras se vieron ingresar al escenario . Había llegado el momento . La banda que cambió nuestras vidas por completo estaba dando el show más increíble que pude presenciar . No pude parar de llorar de la alegría que sentía en ese momento, incluso ahora algunas lágrimas brotan de mis ojos al escribir esto .. La gente seguía empujando, y sinceramente mi amiga y yo no sentíamos las piernas, mientras que nuestra otra amiga estaba perdida entre nuestras espaldas y el sudor de la gente, una escena bastante desagradable diría . Cada minuto transcurrido de ese día fue perfecto, único e inolvidable, y espero poder repetir un momento como ese. Gracias Coldplay por hacerme vivir el mejor día de mi vida y cambiarme completamente con su música .

sábado, 10 de julio de 2010

Cansada de correr en la dirección contraria .

Cóctel de sentimientos. Las verdaderas amistades revelan verdades que preferiría no escuchar. Debo hacerlo, me veo obligada a ello. Los amigos reales me recuerdan y recalcan infaliblemente mis defectos. Creo que llegaron en el momento indicado. ¿Supondrán que debo cambiar urgentemente antes de que mis malas actitudes me lleven por el mal camino hasta el punto en el que me sea difícil retornar? ¿Será esa la razón por la cual creo estar quedándome sola, sin descartar ninguno de los ámbitos en los que me encuentro? El miedo a la soledad me invade profundamente en estos días. Intento huirle de una manera frenética, casi desesperada.

viernes, 9 de julio de 2010

God put a smile upon my face .

Muchos en la vida nos hemos preguntado qué hacer cuando la infelicidad está presente en cada momento de nuestras vidas. Sentimos que la miseria nos rodea, que ese sentimiento de desazón no se terminará jamás. Nos sentimos agobiados por una tristeza que pareciera no acabar, y muchas veces no somos capaces de prestar atención a las pequeñas cosas que pueden hacernos felices. La clave está en observar a nuestro alrededor y maravillarnos con las peculiaridades que el mundo tiene listas para nosotros porque tarde o temprano veremos más allá, y descubriremos que la infelicidad ya no está. Nos daremos cuenta de que todos esos pensamientos negativos se alejaron de nosotros y reaccionaremos, finalmente, de que podemos alcanzar la felicidad, que a veces se verá opacada nuevamente por los obstáculos que la vida nos presente. Pero llegada la hora, ya sabremos como manejar la situación: Escapar de nuestro rencor y prestarle atención a las pequeñas cosas que pueden alegrarnos.